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3 .-PROVINCIAS (continuación) |
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3.3.- TACNA Su capital es Tacna, así como también lo es el departamento. Está surcada por los ríos Caplina y Sama que forman fértiles valles y numerosas quebradas, como la quebrada Honda y la Quebrada de los Molles Secos. Saliendo de la ciudad de Tacna por la avenida Bolognesi se llega sucesivamente a los distritos Pocollay, donde pueden apreciarse los techos "en mojinete" -arquitectura típica de la zona-, y al de Pachía, de clima bastante cálido y ligeramente húmedo que favorece la agricultura. El siguiente distrito es Calientes, muy visitado los fines de semana por sus baños termales. Destaca la ciudad de Las Yaras (capital del distrito de Sama), sobre las faldas de una estribación de los Andes que tiene elevaciones conocidas como Las Lomas (provincia Jorge Basadre) y el morro de Sama (765 msnm), situado al sureste de la caleta Sama, cuyas laderas descienden suavemente hasta alcanzar la orilla del mar. El Morro de Sama constituye el accidente topográfico más alto de este tramo de costa y parte de él se encuentra dentro de la nueva provincia Jorge Basadre. Cuando llueve, sus laderas se cubren de pastos embelleciéndose. La provincia tiene playas como Boca del Río (en el distrito de Sama), abierta, sin defensas, naturales y fuere oleaje. Es el balneario más concurrido, y se llega a la por una carretera asfaltada de un 50 Km o bien abordando ómnibus de transporte público. Otra conocida playa es Llostay, al sur de Boca del Río y muy semejante a esta. La campiña tacneña es idílica. Situada entre el desierto que se extiende hasta el mar y los suaves declives de la cordillera, es pródiga frutales, mas su verdor es producto de la constancia y la paciente laboriosidad del hombre. Siguiendo la carretera (afirmada) Tacna-Collpa-La Paz, a sólo quince minutos de la ciudad se puede disfrutar del valle y de la espectacular vista de los nevados Barrosos, Tacora y Cupiquiña. En sus pequeños pueblos todavía pueden apreciarse las típicas casas con techos "en mojinete", hermosas iglesias rurales como las de Pachia y de Calana, plazuelas republicanas, y el espíritu tranquilo de sus habitantes. José Jiménez Borja atribuye el especial atractivo de la campiña tacneña a la ausencia tradicional del latifundio y al predominio de la huerta, con todos sus encantos. |
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